viernes, 27 de mayo de 2016

La casa del silencio.Novela puzzle


Sinopsis

La casa del silencio                                                           
Género: Novela histórico-política.

Temas: El poder, las traiciones y la familia.                       

Tiempo: Finales de 1982.


Trama principal

            Graziana es una joven de veintisiete años y trabaja en La Unión Telefónica, su único deseo es encontrar el amor, y lo idealiza a través de las conversaciones que escucha. Ella pertenece a unas de las familias más antiguas de su  pueblo. Sin embargo, su familia es disfuncional, su madre, Pierangela, es una mujer poco expresiva, que ha tenido una educación represiva. La  abuela de Graziana, Donatella,  es una mujer sin escrúpulos que busca por todos los medios  mantener el poder del dinero que logró cuando llegó a la Argentina desde Trieste, luego de la Primera Guerra Mundial.

            Su padre, Güemes Arduy, es un Comisario jubilado y, cómo viven en los albores del advenimiento de la democracia en la Argentina, no desea perder el poder. Sus negocios con los prostíbulos y el juego clandestino le generan dinero, y  busca aliados para las próximas elecciones. Su idea es llevar a la Intendencia del pueblo al hijo del Inspector de Escuela, Gustavo, y para ello trama una alianza con los nativos, un pueblo indígena que ha sido encerrado por los blancos durante la fundación. Por todo ello, desea que su hija contraiga matrimonio con un joven, Juan, hijo de un jerarca nazi que estuvo escondido desde finales de los años sesenta, y que murió de forma imprevista y nadie supo cómo ni dónde fue enterrado. El pueblo está acostumbrado a ser mudo, de modo que nunca se hablará de ello. Esta protección al jerarca le permitió mantener el poder en las sombras, porque  Güemes Arduy  es una persona a la cual le gusta la trampa y el submundo sórdido.

            Finalmente Güemes Arduy logra que su candidato gane la Intendencia, pero la segunda parte del plan, casar a su hija con Juan y de esta manera lograr que los negocios sigan bajo su órbita, se ve frustrada porque alguien hizo una denuncia y lo buscan. Él se escapa hacia el monte de los nativos.

Subtrama 1: Trieste. La historia de Donnatella, su llegada al país, su poder y sus tierras.

Subtrama 2: Conversación telefónica de un comerciante. Sus investigaciones sobre la muerte del nazi.

jueves, 26 de mayo de 2016

Sólido. Polvo. Aire


Ponencia   

 En Sólido. Polvo; Aire está presente la interioridad de un espacio y  de un tiempo de mi vida; como autora de textos poéticos considero que estos versos irradian mis estados de ánimo, los reflejos de los  mundos  que creo  me circundan. Por algunos momentos, esos universos corresponden a mis fantasías; a aquella luna que en mis desayunos degustaba entre sorprendida e indefensa.
En el nombre del libro me permití expresar el tema central de este poemario. Los versos aclaman a la desolación, a la desintegración del yo, del mundo; por ello, las tormentas interiores que asolan mi alma, remontan todo lo Sólido (sólido que representa mi existencia material, mi constante esfuerzo por el diario vivir) y disuelto, convertido en Polvo, se eleva hacia algún lugar en el cenit, y, yo aquí, precipitando a la tierra, me apropio de la libertad que he buscado con incansable tenacidad. El Aire encumbrará   al Polvo que pronto se levará hacia ese espacio que presiento me otorgará serenidad.

lunes, 21 de marzo de 2016

Arroyo de cenizas. Prosa Selecta



           Cuando se lee a Sara Isabella Bonfante, se observa de inmediato un rasgo distintivo: la preocupación por la escritura por el arte de escribir y, sobre todo, de escribir ficción. En todos sus textos  emergen la plena conciencia de su labor como escritora, cierto carácter metaficcional que evidencia un compromiso académico con su pasión por la escritura y que convierte a la reflexión literaria es una constante de su obra.

            El cuento “Opus Cuatro” es un claro ejemplo de esta característica  de su producción. En él, la autora, reflexiona en torno a la producción ficcional a partir del recurso de la puesta en abismo, mediante la cual nos presenta el rodaje de una escena de cine en la que los personajes intercambian ideas acerca de la ficción en el ámbito del séptimo arte. El hecho de que este relato esté escrito en las solapas del libro, no sólo lo convierte en una original forma de presentación de la autora a través de su propia escritura,  o en las puertas de acceso a su producción literaria, sino que nos ofrece también un interesante juego con lo paratextual.

            Así como “Opus Cuatro” nos introduce en la reflexión, “Ficción de la ficción o Mentira la ficción” se constituye en el punto máximo de la expresión metaficcional a la que se hace referencia. En este texto en el que la función poética y la función conativa del lenguaje se dan cita de una manera exquisita para jugar en esa línea tan fina que separa la realidad de la ficción, el narrador  apela a ese potencial escritor a quien se dirige y le prescribe cómo debe ser el héroe de su novela, cómo debe lograr la verosimilitud o cuan importantes resultan los diálogos o la inclusión de un monólogo interior…. Aníbal Segovia. Profesor de lengua y literatura. Jefe de Cátedra de la Escuela Tratado de Alcaraz, Alcaraz. Entre Ríos. Argentina.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La ficción de la ficción o Mentira la ficción


           Si querés escribir una novela te diría que  lo pienses y tengas  presente que es un camino plagado de vicisitudes,  largo y sinuoso; quizás tengas que escribir con el cuerpo, con el cuerpo en el que habitas. Ese cuerpo que te acompaña noche y día. Cuerpo que en muchas ocasiones necesitará que tu mente le dé un descanso y lo deje fuera de la tensión que padecen los personajes, porque los personajes se lo transfieren porque ellos son porque vos sos.

            Y como estoy aludiendo a tu psiquis viene muy bien aclarar que el héroe de tu novela debe tener una personalidad compleja, y muy acentuado el deseo de llevar a cabo una acción que lo catapultará al triunfo o al fracaso… Eso es, como un trauma irresuelto de la infancia y, sí, sí, mucha historia familiar obscura. Mucha introspección, no la introspección ralentiza el Tempo del relato. Mucha cavilación y monólogo interior y diálogos, muchos diálogos porque aceleran la narración Puede tratarse de un personaje desatendido por sus padres y con un hermano competitivo y maligno. Porque ¿quién no tuvo un hermano que le hizo creer que era adoptivo? Todos lo tuvimos, y quizás lo tengas. Y para que la historia sea verosímil narrá  el día en que tu hermano recibió los mejores regalos para las fiestas de navidad y de fin de año. Y aquella oportunidad en que tu padre te reprendió a instancias de sus mentiras y te dejaron sin salir a jugar todo un verano. Y el día en que encontraste a tu madre leyendo a hurtadillas una carta y lloraba y se refregaba las manos nerviosamente y, cuando le preguntaste por qué lloraba, no te supo contestar porque armaba frases con evasivas  y te daba explicaciones que ni ella podría creerse. Y justo en ese momento entró tu hermano, te invitó a salir de la habitación  y  te llevó hacia el jardín y allí aseguró que la carta  estaba relacionada con tu posible adopción y te hizo jurar que no dirías nada  porque tu madre se enfermaría de tristeza. Y te convenció. ¿No lo recordás?

            Por supuesto es mejor no evocar ya que cuantas más coincidencias  encuentres mayores serán tus dudas. ¿No creés que es verosímil?  Tu héroe, tal como vos, es adoptivo y sólo se entera al final de la novela. Te doy la posibilidad de que evalúes la historia de tu familia y bien puede que se convierta en ficción. Todos estos elementos   se alternan en una novela. Eso sí, yo por las dudas no seguiría indagando como el personaje-héroe que será el protagonista de la historia que vas a escribir. Si quiere saber ¡que averigüe él! Si es adoptivo y  descubre la mentira, mentiras hay en todas las familias, ¡que sufra él! Yo que vos no indago, sigo viviendo mi vida y dejo para la ficción todas las dudas existenciales, ¡por las dudas! No sea cosa  que descubras que tu hermano haya tenido razón.

  
            Y para que no te sientas solo con este problema te aseguro que por mucho tiempo creí que era hija adoptiva o que en mi casa había un secreto, muy obscuro, muy secreto, ¿lo entendés? Mi hermana, que me lleva diez años, siempre me decía  que tenía las manos y los dedos parecidos a los de una prima, que no era prima como se entiende, era una sobrina política de mi papá, porque era hija de la esposa de su hermano. Y ese comentario, porque mi hermana era repetitiva, lo hacía  con asiduidad y, agregado a esto,  ella y mamá eran muy compinches  y salían y me dejaban, a los ocho años, al cuidado de la casa. Y sus indirectas directas como: ¡Qué raro no sos parecida a mamá! Me hicieron pensar que no era hija de los dos. Y a la diferencia de edad  había entre mi hermana y yo,  se le agregaba que ella era rubia, muy rubia y con ojos verdes; yo, trigueña y nada parecida a mamá, a  papá tampoco. Y las veces que nos peleábamos mamá siempre salía en su defensa. Y para colmo de males esa prima lejana desapareció de mi casa. ¡Y yo que le tenía un cariño muy especial! Esto por muchos años se convirtió en una pesada historia que hizo que dudara de mi identidad. Ya ves todas las familia tienen una historia posible de novelar. Por todo esto animate a escribir esa historia.

            Haa…, y no lo olvides: La ficción se nutre de la realidad o la realidad supera a la ficción. Frase de la doxa que alguien hizo correr y llega hasta estas páginas. Por hoy dejémoslo así. Haa…, me olvidaba,  cuando publiques la novela y veas en tu blog los comentarios de los lectores, alguno te dirá que recordó una historia similar a la del niño  y su hermano maligno  y fijate qué grado de similitud  tiene con la tuya.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Despues de la ausencia

La ausencia  solo es un espacio que ha quedado suspendido. La ausencia de la escritura es una línea blanca que no encuentra  motivos  para contar  y tampoco  temas con los que acometerá en otra historia. Los que tenemos el oficio de escritores,  pensamos que sin el ejercicio diario estamos rumiando otra historia. Y con el afán de no escribir sobre nuestras obsesiones buscamos temas. Algunos escuchamos con atención los dichos de los otros, comentarios hechos al azar, sopesamos cómo actuaríamos ante una experiencia ajena. No es fácil llenar ese cuerpo complejo que es una obra. El mero sonar de una bocina y los ruidos del tránsito nos distraen hacia otro lugar, hacia el ruido de los demás que nos descentra. La realidad, los acontecimientos urgentes de este mundo ágil, volátil, complejo, pluricultural  nos indica que los temas pueden tener la vigencia de un "click" en la web, de un "me gusta" en una red social y de "ciento cuarenta caracteres". Estos temas nos abruman y nos dicen que tenemos que buscar sin fatigarnos aquel tema que será diferente.
Cuando hacemos un corte en la ausencia, cuando trazamos una línea en el papel en blanco y decidimos escribir otra novela, esa ausencia es una presencia en evolución, un impulso hacia una vía de letras, palabras y vocablos. Y nos ponemos en acción, con el cuerpo y la mente despiertos, con las posiciones de los músculos en la necesaria tensión para acometer sobre el teclado. Y la presencia en este mundo narrado es tan fuerte que comenzamos a vivir, a pensar como los personajes, a contemplarlos. Y somos felices porque una vez más encontramos un sentido en las teclas,  porque el aburrimiento de los domingos a la tarde tendrá una compañera, esa obra que nos acompañará hasta que decidamos que es suficiente.


domingo, 1 de marzo de 2015

La figura


              Ese día se  despertará al alba, serán entre las cuatro treinta o cinco, con una gran opresión en el pecho, ahogada y con pocas fuerzas, estirará la mano hacia la luz de la mesita de noche.

          El reloj hará un tic tac  bien acompasado. Los pasos de la gente que caminará por la vereda harán un efecto rebote en  sus oídos. Turbada por el dolor atinará a llamar a la emergencia. La operadora le hará preguntas que  no podrá contestar, le explicará que es fundamental, por el tipo de emergencia que necesitará. La conversación durará unos minutos, hasta que el portero de su edificio, alertado por los médicos abrirá la puerta.

Oscar, el portero, a este punto viejos amigos, asustado mas que ella, y blanco como un papel, guiará a los médicos hacia su habitación. Clara. Ya están aquí. Murmurará.

          Ella  no podrá emitir sonido, pero le causará una gran ternura saber que  alguien estará ese momento a su lado. Empezarán un interrogatorio al que contestará con señas. Levantará la mano, y afirmará o negará al médico. El bolso estará preparado. Entre los tres: chofer de ambulancia, medico y enfermero, la subirán a la camilla. Sólo un esfuerzo pequeño. No creerá pesar más de treinta y ocho kilos. Oscar ya habrá abierto la puerta del ascensor.

          Siempre decían que era muy angosto y reían. Tendremos que   pedir al consorcio que agrande el hueco. Reirán a  carcajadas.

          Esa mañana  no. Estará muy circunspecto, casi solemne.  Ella lo mirará con una mirada burlona, para que deje la solemnidad de lado. Oscar la esquivará. Cuando, al fin, cierren la puerta del ascensor el ya  habrá dado media vuelta para cerrar el departamento y guardará  las llaves. Esa será su despedida.

 
          Las veces que regresó de las internaciones, Oscar y su esposa, le dejaron en el florero del living las flores que le gustaban: las azucenas, las teñidas, porque se decía que las blancas eran para los muertos. Y  yo. ¿Qué soy?... Se preguntó.

          Nunca quiso dejarse llevar por la desazón, pasaron casi tres años. Y no perdió el optimismo. El dolor la  cansaba,  tenia intensos  deseos  de dejar de sufrir. No deseaba perder ni dejarse amedrentar, era  sólo cansancio.

          Si por algo se destacó, fue por tener siempre la tierra firme bajo sus pies. Hubo sueños, pero siempre emparentados por la factibilidad de lo que podría concretar. No  fue dolorosa su realidad. Más bien impiadosa, y ella respondió con  misericordia. Los otros no. Juzgaban y pretendían que actúe como ellos, pero le resultaba muy difícil.

 Trataba siempre de complacer, sobre todo a los parientes. No doy con la tecla. Es eso.  Se decía. Quizás no me supe expresar. Quizás no hablé lo suficiente. Era todo quizás… quizás. Después de un tiempo de mucho dudar se contentaba pensando que otra vez seria mejor.

          El medico se sentará a su  lado,  le pondrá el oxígeno, y  que verá su cara aliviada. Sonreirá,  ella contestará con una sonrisa. Ambos querrán tranquilizarse mutuamente.

          Con el tiempo logró conocer a  todos los residentes en las guardias, trataba de no ser quejosa, sabia que el proceso seria largo y se verían asiduidad. Odiaba de solo pensar que se cansarían y fastidiarían con ella.

          Las luces de la ciudad pasarán como providencias fugaces por el vidrio de la ventanilla de la ambulancia, ella siempre las mirará,  precavida, por si   fuera esa la última vez  que podría verlas. Llegará  a la guardia, las enfermeras, algunas, la reconocerán. Como la piel y sus venas estarán muy frágiles, la entubarán con gran cuidado o tendrán que empezar a buscar por otras partes del cuerpo.

          Remisa a que la lleven a terapia intensiva, estuvo casi un  día en una habitación contigua a la sala de guardia. Y cuando hubo lugar en terapia intermedia, la pasaron  hasta que se compensó. Después sí. Una habitación común. Compartida, así no se sentía sola.  La mayoría tenía parientes que los visitaban, y conseguía con quien hablar. Traían noticias de afuera como el frío o el calor. Las charlas eran superficiales. Sin compromisos. Se asombraban cuando  relataba el tiempo que había tenido que empeñar en esto. Ella desdramatizaba la situación y llevaba la conversación a situaciones jocosas.

          Su única amiga, Rosa María,  muy impresionable,  las veces que entraba y la veía en ese estado, que para ella se había vuelto normal, se echaba a llorar y salía de la habitación tapándose la boca con las manos, y, como  los ojos no mienten, lagrimones casi tan grandes como lluvia de sapos le caían por las mejillas redondas, porque no había perdido su aspecto infantil.

          Su amiga  repetía la entrada y salida de la habitación unas cuantas veces. Ella se  reía y Rosa María  se disgustaba. Ponía cara de puchero y se volvía a su casa.  Las idas y venidas de Rosa María se repetían compulsivamente el tiempo que duraba la internación. Por ello, un día estando en su casa repuesta  y, Rosa María, sin llorar, aclararon la situación.

          La cosa viene de este modo, tampoco le pudo decir con palabras cuál era su  enfermedad porque seria de nuevo un mar de llanto. De acuerdo. Rosa María no  iría de visita al hospital. En cambio ella, debía avisarle las veces que volvía a su casa, y así vendría con masas secas y tomarían el té. No tendría que asustarse si por alguna causa  le resultara imposible tragar. Cuando empezaran los vómitos se iría tranquilita. Una vez repuesta la llamaría por teléfono. Fue el único modo de dejarla conforme.

          Esta vez  resultará distinto. Las enfermeras tendrán caras largas. Llamarán a su medico de cabecera.  Poco usual, de noche no se lo debe  molestar, para eso estarán los de guardia. Análisis de todo tipo. Por último una transfusión.

          Clara la cosa vienen mal, se dirá por dentro. Dormirá de a ratos. Y cuando la despierten tendrá canalizando un aparato distinto su cuerpo. Lo raro será que no le dolerá nada.

          No le agrada verse despeinada y amarillenta, tiene cuarenta y siete años y aparenta menos. Siempre le gustó ese aspecto juvenil y semidescuidado. La estética siempre fue algo muy importante, nunca se quiso ver avejentada. Quien sabe si lo logrará.

          Así se preparó una tarde y, como Oscar siempre la vigilaba, esperó que fuese su hora de descanso y salió bien vestida con  un trajecito rojo tirando a bordo, con su pelo rubio; le sentaba bien esa combinación. Botas porque hacía  frío, guantes haciendo juego. El maquillaje muy natural, con sus ojos verdes, sólo un poco de rimel. No hacía falta mucho más, además todavía no estaba tan flaca. Se  miró al espejo varias veces antes de salir. También en el espejo del ascensor. Le agradó la imagen que le devolvió.

          Caminó unas cuadras por Avenida Alvear,  miró toda la colección de una marca muy conocida que le gustaba. Dejó que el viento impasible le  helara la cara y la despeinara. Se  sentía aliviada, sin ningún peso que cargar a sus espaldas.

          La tarde anterior había venido su exmarido con intenciones bien claras, sin rodeos le pidió que le deje el departamento a su nombre.

          Es más fácil para todos. No creo que Emilia vuelva de Barcelona. De este modo nos aliviás a todos. No será fácil para nosotros soportar una sucesión. Edgardo pronunció estas palabras recorriendo con su mirada toda la habitación.   

          Como no tuvo ganas de contestarle como se merecía, abrió la puerta y de un golpe la cerró a sus espaldas. No creo que vuelva. Edgardo es cobarde. Se dijo. Por cierto las veces que habló con Emilia no tuvo el coraje de contarle. No lo hizo desde un principio, y después hubiese sido una discusión tras la otra. ¡Que!... ¿Por qué no  dijiste? ¡Que!... ¿Por qué, cómo es que estás enferma?

          Pensó escribirle una carta, pero se dio cuenta que siendo la madre no se lo perdonaría. Con estos pensamientos llegó hasta la parada de taxi más cercana. Comenzaba a sentirse agitada. Le dio la dirección. Intentaba a oscurecer. Los colores del cielo aquilonal, azul rojizo, la apasionaban. Tocó el timbre del local, un vendedor de traje negro y camisa blanca abrió la puerta. Estuvo un largo rato mirando, no quería dejar a nadie el mal rato de ese tramite.

          Por fin se decidió por uno de precio moderado, como estaba expuesto cuando entró y se  probó al ataúd, el vendedor pegó un grito. Estaba pálido, ella lo tranquilizó.

Después no me tendrá que ver. Balbuceó.

          Las flores  más sencillas y a su vez alegres. Yerberas y lisiantus. No le gustan los arreglos recargados. Terminado el trámite, pagó con un cheque a quince días. Espero poder cubrirlo a tiempo. Pensó.

          No sólo Emilia, su hija, tampoco a su madre le pudo contar. Todas las veces que fue con la intención de confesarlo, ella estaba alegre. No quiso arruinarle el momento con la noticia. Su madre sólo la veía más flaca, y le repetía hasta el cansancio: que las mujeres muy delgadas después de los cuarenta no gustaban a los hombres.

          Y yo que no quería dejar cuentas a nadie. Al fin no pude enfrentar ni a Emilia ni a mamá. Su voz la sobresaltó con esa confesión. Se  repetía muchas veces: mañana lo hago. Ma- ña- na lo ha-go.

           ¡Al fin se saldrán  con la suya! Estará en terapia intensiva, el pacto sería que sólo en caso de extrema gravedad la llevarían. No le gustarán los boxes. La tela blanca que la separará de otro enfermo, no impedirá escuchar los ruidos acompasados de los monitores, ni de las máscaras de oxígeno. La  acomodarán,  estará sin su camisón. Le pondrán la bata blanca. e a poco se  perderán los ruidos de la sala. Abrirá los ojos y no verá. ¿Habrán apagado las luces? Hará un esfuerzo por no dormirse. Querrá respirar hasta la última bocanada de aire. Lo intentará, el aire no entrará. Tampoco sentirá  el ahogo en el pecho.  Disimulada, la figura, se  alejará. Al milésimo volverá. Se apartará  más. Ya no la verá. No la verá… no  verá ya jamás…

 

 

   

            

sábado, 31 de enero de 2015

Lo ven todo... el gran hermano fiscalizador. Segunda versión


Me encontraba en la cocina de mi casa. De esta casa que heredé de mis padres y en la que  me da mucho placer sentir que aún  están vivos los recuerdos de una vida sencilla, sin lujos, pero de un gran confort. Era una tarde de invierno, con el sol apenas tibio y con las nubes bajas, tan bajas que en la ventana había resquicios de una bruma, como algodones que flotaban y estaban suspendidos a un metro del suelo. Yo estaba  lánguida, en un estado  que era una conjunción de sueño y de vigilia. De pronto entró mi hijo  menor, tiene trece años y es un adolescente muy afecto a los telediarios, anuncios de noticias en internet y demás alertas cibernéticas. Su alegría no tenía contención, sus ojos vivaces reían y su estado de exaltación no encontraba repuesta de mi parte. Esa mañana había sido sometida  una práctica de exploración, que por buen gusto y femineidad no deseo relatar ahora. Me encontraba débil, ya que para la preparación había tenido que dejar salir todos los líquidos de mi cuerpo y eso me tenía extenuada y sin aliento.

            Mi hijo no paraba de reír y decía:

             — ¡No me lo esperaba! ¡Es genial! ¡Es copado!

            Saltaba,  dando carcajadas. Y recorría las habitaciones.

—Es increíblemente genial.

— ¡Qué pasa! ¿Por qué tanta exaltación?

Misha empezó a recorrer toda la casa, y despertaba a mis hijos mayores en afán de ser escuchado.

— ¿Qué ocurrió? Sé más preciso.

            —Mamá sos la mujer más conocida. Estás en todos los sitios de información. No aparece tu rostro, aunque si tus entrañas.

            —Pero qué decís.

            — ¿Qué has hecho esta mañana?

            —Solo un estudio. Que por cierto está recomendado a partir de cierta edad, pero ¿cuál es la novedad, Misha?

            —No sabés, sos la mujer más conocida. Dicen tu nombre, aparece en cada portal de noticias, está en las alertas.

            —Vamos, Misha, estoy  con pocas fuerzas, dejá de incomodarme.

            —Te puedo mostrar, está acá, podés ver.

            Y comenzó a leer.

            —…La señora Elena Crusciani ha sido sometida a una práctica de rutina y es buscada porque durante la intervención ha soñado, bajo los efectos de la anestesia, y en  esos sueños  viajaba por Austria, recorría la ciudad  de Viena y paseaba por un lago en un bote, entre cisnes blancos que ella acariciaba cada vez que pasaba cerca de uno de estos.

            —Seguí —dijo mi esposo, interesado.

            —…También realizó gestiones de una herencia que supuestamente habría cobrado en Italia,  y de la cual no ha dado ninguna información; por tanto la señora estaría cometiendo delitos económicos e infracciones a la ley tributaria. Por lo antedicho, la Administración Federal de Ingresos ha encontrado que hay un desfasaje entre la declaración de sus ingresos y  los paseos que dio en ese sueño.

            Por qué tanto alboroto —dijo mi hijo mayor.

            —Vení, leamos. Mamá es famosa—respondió Misha.

            …Estos pueden ser un indicio de los viajes que piensa realizar, afirmamos, además,  que sus niveles  de expectativas oníricas no son congruentes con los tributos aportados. Por tanto es buscada para que aclare su situación fiscal.

            Quedé en estado de estupor y de fastidio. Nunca había esperado algo así.

            ¿Es cierto, mami? ¿Has viajado en ese sueño? —quiso saber Misha.

            Sí, pero jamás pensé que  con la videocolonoscopía,  además de mis vísceras,  también podían leer mis sueños. Y menos que esos tubos hayan estado conectados con los
entes que fiscalizan la recaudación.

            —No, mami, lo interesante es que te conocen. Ahora sos famosa.

            —No, Misha, lo preocupante es que ahora vendrán a buscarme para que declare un dinero
 que no he ganado.

            —No,  para mí es muy bueno. Los chicos del colegio sabrán que tengo una madre famosa.

            —No, Misha, lo alarmante es que a partir de ahora soñar ya no será gratis.