miércoles, 4 de noviembre de 2015

La ficción de la ficción o Mentira la ficción


           Si querés escribir una novela te diría que  lo pienses y tengas  presente que es un camino plagado de vicisitudes,  largo y sinuoso; quizás tengas que escribir con el cuerpo, con el cuerpo en el que habitas. Ese cuerpo que te acompaña noche y día. Cuerpo que en muchas ocasiones necesitará que tu mente le dé un descanso y lo deje fuera de la tensión que padecen los personajes, porque los personajes se lo transfieren porque ellos son porque vos sos.

            Y como estoy aludiendo a tu psiquis viene muy bien aclarar que el héroe de tu novela debe tener una personalidad compleja, y muy acentuado el deseo de llevar a cabo una acción que lo catapultará al triunfo o al fracaso… Eso es, como un trauma irresuelto de la infancia y, sí, sí, mucha historia familiar obscura. Mucha introspección, no la introspección ralentiza el Tempo del relato. Mucha cavilación y monólogo interior y diálogos, muchos diálogos porque aceleran la narración Puede tratarse de un personaje desatendido por sus padres y con un hermano competitivo y maligno. Porque ¿quién no tuvo un hermano que le hizo creer que era adoptivo? Todos lo tuvimos, y quizás lo tengas. Y para que la historia sea verosímil narrá  el día en que tu hermano recibió los mejores regalos para las fiestas de navidad y de fin de año. Y aquella oportunidad en que tu padre te reprendió a instancias de sus mentiras y te dejaron sin salir a jugar todo un verano. Y el día en que encontraste a tu madre leyendo a hurtadillas una carta y lloraba y se refregaba las manos nerviosamente y, cuando le preguntaste por qué lloraba, no te supo contestar porque armaba frases con evasivas  y te daba explicaciones que ni ella podría creerse. Y justo en ese momento entró tu hermano, te invitó a salir de la habitación  y  te llevó hacia el jardín y allí aseguró que la carta  estaba relacionada con tu posible adopción y te hizo jurar que no dirías nada  porque tu madre se enfermaría de tristeza. Y te convenció. ¿No lo recordás?

            Por supuesto es mejor no evocar ya que cuantas más coincidencias  encuentres mayores serán tus dudas. ¿No creés que es verosímil?  Tu héroe, tal como vos, es adoptivo y sólo se entera al final de la novela. Te doy la posibilidad de que evalúes la historia de tu familia y bien puede que se convierta en ficción. Todos estos elementos   se alternan en una novela. Eso sí, yo por las dudas no seguiría indagando como el personaje-héroe que será el protagonista de la historia que vas a escribir. Si quiere saber ¡que averigüe él! Si es adoptivo y  descubre la mentira, mentiras hay en todas las familias, ¡que sufra él! Yo que vos no indago, sigo viviendo mi vida y dejo para la ficción todas las dudas existenciales, ¡por las dudas! No sea cosa  que descubras que tu hermano haya tenido razón.

  
            Y para que no te sientas solo con este problema te aseguro que por mucho tiempo creí que era hija adoptiva o que en mi casa había un secreto, muy obscuro, muy secreto, ¿lo entendés? Mi hermana, que me lleva diez años, siempre me decía  que tenía las manos y los dedos parecidos a los de una prima, que no era prima como se entiende, era una sobrina política de mi papá, porque era hija de la esposa de su hermano. Y ese comentario, porque mi hermana era repetitiva, lo hacía  con asiduidad y, agregado a esto,  ella y mamá eran muy compinches  y salían y me dejaban, a los ocho años, al cuidado de la casa. Y sus indirectas directas como: ¡Qué raro no sos parecida a mamá! Me hicieron pensar que no era hija de los dos. Y a la diferencia de edad  había entre mi hermana y yo,  se le agregaba que ella era rubia, muy rubia y con ojos verdes; yo, trigueña y nada parecida a mamá, a  papá tampoco. Y las veces que nos peleábamos mamá siempre salía en su defensa. Y para colmo de males esa prima lejana desapareció de mi casa. ¡Y yo que le tenía un cariño muy especial! Esto por muchos años se convirtió en una pesada historia que hizo que dudara de mi identidad. Ya ves todas las familia tienen una historia posible de novelar. Por todo esto animate a escribir esa historia.

            Haa…, y no lo olvides: La ficción se nutre de la realidad o la realidad supera a la ficción. Frase de la doxa que alguien hizo correr y llega hasta estas páginas. Por hoy dejémoslo así. Haa…, me olvidaba,  cuando publiques la novela y veas en tu blog los comentarios de los lectores, alguno te dirá que recordó una historia similar a la del niño  y su hermano maligno  y fijate qué grado de similitud  tiene con la tuya.

1 comentario:

  1. Así es, Sara, si pudiéramos ver nuestras vidas desde afuera o volcadas en un papel nos sorprenderíamos al ver que se asemeja a una novela. Lo que pasa es que los escritores nos alimentamos de la vida real, por eso nos gusta escuchar ¡no es que seamos chusmas ni metidos! Pero los que nos rodean (amigos, familiares, vecinos, alguien sentado cerca o al lado en el micro, tren, avión, etc) son nuestro pan de cada día.

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